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Viernes 30 de enero de 2017 •11:30

Toda violencia está mal.

 

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Decirlo después que pasaron unos días es más fácil. Como esas cosas que le quedan a uno, atravesadas en la garganta, sin poder salir. Hasta que nos animamos a hacerlo y las decimos, aunque sea con miedo. Hace poco más de dos mes se hizo viral la dramática historia de Carolina Aguirre sobre violencia de género en las redes sociales, y fue entonces así que me enteré. Y únicamente por que fue ella la que decidió contarla primero, es que me sumo recién ahora al relato. Tan solo a modo de ejemplo.
 
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La guionista Carolina Aguirre escribió, su última columna para la sección “Mi vida como guionista” que publicaba en la revista La Nación. A lo largo de su texto titulado “Colombia” la autora de novelas como “Ciega a citas” y otros éxitos, relata el episodio dramático que le tocó vivir con su ex novio. Según cuenta Aguirre, un episodio de extrema violencia en un hotel de Bogotá, una noche de esas, disparó el relato, en el que creyó que iba a morir. Y decidió cortar la relación, con un “mujeriego oscuro”, al que ya decía no creerle nada: “Lo dejé varias veces”, pero no me escuchó. “En esos momentos, teníamos siempre la misma discusión. Llora y me jura que soy el amor de su vida, me muestra el whatsapp, me da la clave del celular, me ofrece casamiento. Tiene unos gestos desmesurados de amor que impresionan a todo el mundo, pero a mí ya no”. Hasta que llegó la noche, y una comida con colegas en la que sólo ella hacía chistes cínicos, los esperaba. Justamente: “En el hotel me reclama mi desprecio, pero estamos demasiado cansados para discutir y se queda dormido. Yo no puedo pegar un ojo, sólo lo miro. De repente, siento una ganas de huir inexplicables. Lo quiero dejar ya mismo, no puedo esperar a volver a Buenos Aires, no sé por qué. En silencio agarro mi celular y busco un hotel cerca. Cuando lo encuentro, lo despierto y le digo que me quiero separar. Él me grita que es tarde y que me vaya a dormir. Yo me levanto de la cama y le digo que esta vez es en serio, que no puedo estar un minuto más al lado suyo. Él me arranca el celular de las manos y vuelve a gritarme que me vaya a la cama. Yo rompo en llanto y le digo que no soy feliz, que no lo amo más hace mucho tiempo, que quiero volver con mi ex marido. Cuando digo ex marido la cara se le deforma de odio. Me agarra del pelo y me grita que nunca nos vamos a separar, que antes de que lo deje y verme con otro me mata”. El relato sigue: “Me agarra del brazo, me grita que a él no lo deja nadie y me arrastra hasta el baño y me empuja contra la pared. Siento mi espalda crujir contra los azulejos, dolorosa como un sable, y ahí entiendo que está hablando en serio. Son las tres de la mañana, estoy sola en un país donde no conozco a nadie, a siete mil kilómetros de mi casa, y mi novio me está pegando”.
 
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Sentir lo que ella dice es conmovedor, y los transcribí, como les decía, sólo a modo de ejemplo. Si como afirma Carolina Arenes en la columna #NiUnaMenos también en La Nación: Ocurre que no siempre queremos saber. Mejor poner en duda a quien lo cuenta (como pasó con Aguirre): che, no es para tanto (las mujeres somos tan exageradas). “Nunca subestimes el poder de la negación”. El 95 % de las mujeres vivió por lo menos una vez alguna situación que merecía ser denunciada, pero no lo hizo; 1 de cada 3 mujeres ni siquiera comentó el episodio con alguien. Sólo un tercio de las mujeres intentó denunciar y a 1 de cada 4 no le tomaron la denuncia. Por eso hay que cambiar esto. Por eso la publicidad en la calle: “Hace visible la violencia de género”: Por eso el: “Animate a denunciar”: Cero ochocientos triple seis ocho cinco tres siete.  Pero no sólo a la violencia de género: Toda violencia está mal. 
 
Eduardo Macchiavelli Ministro de Ambiente y Espacio Público de la  Ciudad de Buenos Aires 

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