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Martes 30 de diciembre de 2017 •11:30

Cada vez somos más los que nos ocupamos del reciclado.

 

Foto prendio adaptada
 
Son esas cosas que querés que pasen. Que esperás que sucedan. Y cuando te encontrás con alguien que te dice que lo hace, sentís que estás golpeando puertas abiertas. Que si uno se acerca a las campanas verdes (actualmente hay 2500 y queremos llegar a 3700), con solo mirar, te das cuenta que somos cada vez más los que separamos los residuos. Los que distinguimos entre el material que puede ser reciclado y el que debe ser tratado como basura. Entonces así, hacemos que vuelva incansable al circuito productivo para convertirse después en nuevas materias primas o productos. Que la idea prendió, más allá de una ley que la regula. Por dar algunos ejemplos: las fibras de las botellas plásticas son usadas para confeccionar ropa sintética, macetas, baldes, juguetes, entre otras cosas; los envases de tetra-brick pueden convertirse en un material que sirve para construir paneles y muebles; el vidrio puede reciclarse también en un 100%, al ser fundido y moldeado para fabricar nuevos productos.
 
Que si uno lo pensaba hace un par de años no era así. Porque justo ahí, en los Puntos verdes (hay 32 y en el 2017 se sumarán nuevos hasta llegar a 300) distribuidos en los parques y plazas (más Ecoparque y Vea) que reciben reciclables, cada mes que pasa se baten récords de recepción de materiales para ser recuperados, que de otro modo hubieran ido a los rellenos sanitarios (en junio de este año enterramos 2.763 toneladas de basura diarias, la menor cantidad en la historia de la Ciudad). Que hasta los chicos de las escuelas los llevan. En la actualidad ellos son agentes del cambio y grandes difusores de los hábitos que buscan cuidar el ambiente. Lo que aprenden en el colegio lo transmiten en su casa y así el mensaje va llegando cada vez a más gente.
 
Entonces cómo no pensar que el cuidado del medio ambiente es una práctica cada vez más habitual, y que si la incorporamos todos, vamos a poder disfrutar más y mejor los espacios públicos. Si al fin y al cabo lo que importa son los usos que hacemos de las cosas, si cada residuo que se separa se recupera después. El hábito educado en la bolsa de plástico verde recicla, depositado en los Puntos y campanas que hay en la ciudad, y se despide por un tiempo para volver a encontrarse, envuelto en el pasaje obligado de su traje nuevo.
 

 

Eduardo Macchiavelli Ministro de Ambiente y Espacio Público de la  Ciudad de Buenos Aires 

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