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Miércoles 09 de agosto de 2017 •08:49

Se llama María Gonzales, pero en el barrio la conocen como “Doña Maruja”.

 

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Todo es importante cuando se trata de trabajo y mucho más cuando se asocia a un barrio y su gente. Me habló de ella su nieta Karina. Mi abuela se llama María Gonzales, pero todo el barrio la conoce como “Doña Maruja”. Ella, con sus 85 años recién cumplidos sigue siendo “la almacenera del barrio”. Su querido almacén se encuentra en la calle Corvalán 929 en el barrio de Mataderos. Donde cortaron las calles para homenajearla, el sábado.
 
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Ella es un ejemplo de la cultura del trabajo que tanto identifica a nuestros inmigrantes españoles e italianos (nació en Galicia) y de amor y entrega por sus vecinos… a los que jamás dudó en darle fiado, ayudarlos ante una emergencia o simplemente brindarles un oído para compartir sus problemas y alegrías.
 
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Lamentablemente en el mes de enero tuvo una descomposición cardíaca que la llevó a estar internada una semana, tal cual lo cuenta. Ahora está recuperándose muy bien, pero acaba de dejar su almacén y un legado que continuarán otros, para que tanto esfuerzo y trabajo no se pierda. Dándole vida al  barrio otra vez, prolongando las tardes de la calle Corvalán entre Manuel de Artigas y Juan Bautista Alberdi, festejando. Es por eso que recién después me habló ella. 
 
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"Cuando vine de España tenía 21 años, trabajé muchos años pero fui adelante. Seguí, seguí y seguí trabajando y ahora me gustaría seguir todavía" –aunque no descarta otro viajecito como éste, la foto es de hace algunos años, claro- . 
 
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Fue y es una vecina ejemplar. Tal cual lo cuenta su nieta: “Maruja es una señora bajita, su pelo alguna vez fue rubio, pero el tiempo lo ha teñido color ceniza. Lo único que ha quedado intacto de su juventud son los ojos verdes y sus increíbles ganas de seguir”. El relato lo continúa su hija: “Como hija me resultó muy difícil entender que esa puede ser su vocación. Una puede tener vocación de médica pero como podés tener vocación de almacenera. Y sí, mamá tiene vocación de almacenera”.  “Mis hijos y mis nietos quieren que no trabaje, pero lo hago de corazón, porque me gusta y porque no molesto”, sigue diciendo ella. “Cuando está en el almacén la veo radiante. De hecho, afuera del almacén siempre la veo más viejita y más débil”, ahora sigue su nieta, “cuando está atrás del mostrador la veo más fuerte, la veo con más energía, la veo más segura. Creo que saca lo mejor de sí en el negocio. La veo alegre detrás del mostrador, con su mate en la mano, a veces con sus anteojos, escuchando las charlas de las clientas, la veo contenta”.
 
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Pese a las duras competencias con las grandes cadenas comerciales el almacén de Maruja sobrevive gracias a su cercanía con los vecinos, la atención personalizada y la amistad con sus clientes. Está ubicado en un barrio tranquilo, con mucha gente mayor, los clientes pasan y la saludan. Ella devuelve el saludo, como esta historia le devuelve su homenaje a tanto esfuerzo y trabajo. Todavía se escuchan los aplausos en la calle Corvalán de sus nietos, hijos y vecinos. Cuando le dieron la placa que dice: “El almacén de Maruja. Más de 50 años compartiendo su vida con esta vecindad, transformando su trabajo y dedicación en una gran amistad”. Firmado: Familia Rodríguez (5 de agosto de 2017), y por todo un barrio.
 
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Eduardo Macchiavelli Ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires
 

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