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Martes 21 de noviembre de 2017 •07:35

Vuelven las huertas.

 

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“Hay que volver a la agroecología. Aún con falta de espacio, las granjas verticales con cultivos hidropónicos están cobrando mucha fuerza. Es falso que no se pueda alimentar el mundo sin agroquímicos”, la frase pertenece a Irene Wais de Badgen, bióloga de la Universidad Estatal de Oregon, EEUU. Desde hace varios años las huertas urbanas no paran de multiplicarse. Personas de todos los estratos y lugares vuelven a tener contacto con la naturaleza. 
 
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En la Escuela N° 24 de la isla Maciel, funciona una secundaria con jornada extendida. Está ubicada en un barrio con muchas problemáticas ambientales, ligadas a su cercanía con el Riachuelo y con la industria petroquímica. Por lo que elegir trabajar en una huerta tiene un plus. En conversaciones con “Cosecha Urbana” de Télam, el psicólogo social, Pedro Suárez, impulsor del proyecto, contó el rol de la huerta. “Fomentar el trabajo en equipo, les permite a los alumnos entender que todos somos iguales cuando trabajamos la tierra y que necesitan del otro para estas tareas”.  
 
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Entre los beneficios de cultivar en escuelas, Pedro recomienda: “sacar a los chicos de las aulas los hace sentir más libres y entusiasma. Les despierta un interés que de alguna manera ya estaba en ellos, ya que muchos de sus padres o abuelos ya habían trabajado la tierra. En los talleres se dan charlas muy lindas y el contexto es muy humano. Además pueden llevar las verduras que cosechan a la casa”. Hace un año la rutina escolar implica tareas de mantenimiento y riego de 12 a 12.30 h. Entre los aprendizajes en este ámbito novedoso que se generá están, la agroecología y las cuestiones de género. Pedro cuenta que “al principio no querían ni embarrarse las zapatillas y ahora todo lo contrario. Inclusive hay dos o tres chicos del grupo que tienen terreno en sus casas, así que se llevan las semillas y plantines para armar su propia huerta”. 
 
 
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Lo mismo pasa en la Escuela N°19 del Polo Educativo, en Villa Lugano, ya en la Ciudad de Buenos Aires. O en el barrio de Villa Soldati, donde están los talleres gratuitos de Huertas Hidropónicas que se dictan en el Centro de Información y Formación Ambiental (CIFA). El objetivo de esta propuesta es ofrecer a los vecinos e instituciones de la Ciudad, que puedan producir sus alimentos de una manera amigable y saludable con el ambiente. La hidroponía es una técnica, que permite producir alimentos en ambientes reducidos o donde la tierra no sería cultivable, con muy altos rendimientos. “Consume un 90% menos de agua que la agricultura tradicional, no utiliza agroquímicos y requiere menos esfuerzo. Además, permite cultivar en el lugar donde se consumen los alimentos, reduciendo la huella de carbono gracias al ahorro de transporte”, cuenta Luz Delorenzini, del CIFA.
 
 
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“Usar este método para producir alimentos en la ciudad tiene algunas ventajas: por un lado, exige menos costos de logística e intermediación ya que, en la producción tradicional, los alimentos deben recorrer muchos kilómetros para llegar a Buenos Aires lo que se refleja en un mayor costo de energía y en el precio final. Por el otro, mayor productividad: en una misma superficie se puede multiplicar hasta 10 veces la cantidad que se produce de manera convencional”. Las instalaciones del lugar cuentan con: 700 mts lineales de huerta hidropónica, 1 invernadero productivo hidropónico, 2 invernaderos productivos de árboles y plantas nativas y 1 sombráculo. Próximamente contarán con 1 huerta en suelo de 350 m2 productivos y abonos orgánicos y biofertilizantes. 
 
 
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Por su parte, los cultivos hidropónicos son otra forma de obtener vegetales sanos y ricos en lugares insospechados. Empresas como Verdeagua ayudan mucho a que ningún balcón se quede sin la posibilidad de cultivar su propio alimento por pequeño que sea. Esta empresa puede resultar un aliado perfecto si lo que se busca es diseñar y crear huertas hidropónicas verticales y horizontales, tanto para hogares, gastronomía y empresas.  Ya sumaron sus instalaciones en balcones de departamentos y jardines. 
 
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Por lo que el espacio no es el límite “muchas veces los lugares son muy chicos y tenemos que personalizar cada huerta para que entren”, pero finalmente entran. “También los instalamos en la terraza de las oficinas de una empresa, en un lugar compartido, con el objetivo de crear una actividad colaborativa entre los equipos”.  Como concluye la nota de Alternativa Verde, que inspiró ésta: “Hay una sola cosa mejor que saber que las huertas son cada vez más, y es tener tu propia huerta”.
 
Eduardo Macchiavelli Ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires
 

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