Prensa

Lunes 23 de octubre de 2017 •09:55

Se trata de un carguero a vapor. Obstruía dos cañerías pluviales. Con buzos y grúas, así trabajan.

 

Foto barco 1

 

Sólo cuando hay bajante de marea se deja ver: es un costillar negro contra un muro de piedra, una cáscara perdida en la desembocadura del Río de la Plata, un esqueleto casi igual al de un pez. Un barco NN, carguero, a vapor, con casco de acero remachado, de 1930.

 

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Habría estado en reparación en los muelles del ex astillero Tandanor, un edificio abandonado -vidrios rotos, paredes manchadas, maleza entre los muros- a 200 metros del punto en el que el barco está sumergido, a la altura de Migraciones, en Retiro.

 

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Creen que quedó a la deriva, deteriorándose poco a poco, hasta atascarse en el lecho del río. Hasta bloquear la salida de dos conductos pluviales de la Ciudad y otra vez ser localizado.

 

Foto barco 2

 

Hoy está a tres metros de profundidad; sus 45 de eslora bajo el agua. Cuatro hombres y dos máquinas están destinadas a sacarlo. Algunos son operarios, otros buzos. Sus herramientas son un barco que se usa para mover contenedores o construir puentes -pontón- y un remolcador. Hay grúas, poleas en las que se enrollan y desenrollan cables, marcas de profundidad y de peso escritas sobre el hierro, un salvavidas naranja. Son las 11:30 y uno de los buzos está listo para sumergirse. Tiene una máscara -una escafandra moderna- desde la que recibe oxígeno y puede comunicarse por radio. También un traje negro, de neoprene, y un cinto que funciona como cordón umbilical, su conexión con el afuera. Salta al río y desde la costa, amplificado por un parlante, se lo escucha respirar.

 

Foto barco 3

 

“No ve nada. Todo es al tacto. Su trabajo es abrazar un pedazo del barco con cables de acero y dar la orden para que la grúa lo levante”, dice, sentada en uno de los muros de contención del río, Carla Vidiri, buzo profesional y una de las encargadas de verificar el mantenimiento de los conductos de la Ciudad. El barco NN está dividido en tres partes, serán muchas más. “Queremos que sean pedazos de un metro, sólo así -por peso y antigüedad del material- va a ser manipulable”, agrega. El operativo de rescate demorará al menos diez días más.

 

Foto barco 4

 

 
Hay 840 kilómetros de conductos pluviales que corren por debajo del plano de las calles y avenidas porteñas, la extensión de un viaje ida y vuelta a Mar del Plata. Son desagües -más chicos, más grandes- por donde viaja el agua de lluvia, que accede a ese mundo subterráneo a través de los sumideros. Detrás de las torres de Puerto Madero, detrás del Hotel de los Inmigrantes, detrás de las paredes manchadas de musgo del ex astillero, está el río. En sus márgenes hay dos conductos: un biducto y un triducto, así los llaman. Uno drena el agua recolectada desde las avenidas Boedo, Garay, Brasil y Libertador, el otro el agua de las calles del norte porteño, incluida la villa 31.
 
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Cinco meses atrás, mientras se hacía la limpieza del tramo final del biducto -dos cañerías de 4,65 por 3,50 metros- el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad encontró un problema. El túnel no funcionaba con su capacidad original, algo lo estaba tapando. Ese algo era un barco y una pared de sedimento que se había formado junto a él.
 
Foto barco 5
 
"El casco del barco hace que el agua que sale de la desembocadura choque contra la embarcación, genere reflujo, pérdida de velocidad y remolinos que provocan la acumulación de arena y sedimentos", dice Lucas Llauradó, director General de Sistema Pluvial. El ministro del área Eduardo Macchiavelli suma: "No solo hacemos la limpieza de los ductos, también verificamos sus salidas. En este caso, este barco molestaba y decidimos sacarlo. No es un trabajo fácil, requiere de muchos técnicos y buzos especializados".
 
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Hoy en la zona ribereña comprendida desde La Plata hasta la Ciudad de Buenos Aires hay 34 buques náufragos monitoreados por Prefectura Naval Argentina. Algunos afectan la navegación, otros son un peligro para el medio ambiente. Solo uno -el barco NN- está bloqueando el escurrimiento. Pero no siempre es un barco el que lo impide. Todo lo que arrastre el agua puede generar, acumulado, una pared de contención. Y los sumideros descargan en el Río de la Plata. En ellos cae de todo: latas, bolsas, sillas, paraguas, celulares, billeteras, patentes de auto; y hasta un globo con la bandera argentina, que mientras se hacen las tareas de rescate de la embarcación, flota en el río.
 
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Eduardo Macchiavelli Ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires

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